“Tú ya eres felicidad, eres la felicidad y el amor, pero no lo ves porque estás dormido” A. De Mello
Me
he dado cuenta que ultimamente caigo facilmente en estados de introspección que
terminan sumiendome en una tristeza que raya con la depresión, y hoy me tengo
que enfrentar a la pregunta ¿Soy feliz?. La respuesta inevitable es que no, no
me siento feliz. Es decir, a veces si, pero la mayoría de las veces, no. Ahora
la pregunta impostergable es ¿porqué me siento asi?
Luego
de un ejercicio de autoobservación me doy cuenta que cuando me siento triste,
temerosa o agobiada (porque no siempre es la tristeza lo que opaca mi
felicidad) es porque estoy reviviendo situaciones pasadas mediante recuerdos
“dolorosos” o, estoy imaginando un futuro incierto con “pensamientos
aprehensivos” acerca de que lo “creo” puede sucederme. Es decir. No estoy
viviendo el momento actual, el instante mágico presente, no. Me estoy
retrotrayendo al pasado o imaginando un futuro, que obvio, no ha sucedido. Me
olvidé de “Vivir el Ahora”
De esta revisión necesaria,
que siempre recomiendo, la auto observación de las circunstancias de nuestra
vida y como reaccionamos a ellas. Derivo varias conclusiones.
La primera es que la felicidad
es un “sentir”, uno dice, “me siento feliz”, es una sensación, una emoción, No responde
al verbo estar; por ello no es permanente. De allí que es imposible estar
eternamente felices, somos cambiantes, circunstanciales y emocionales. En cada situación
disparamos emociones diversas, complejas, eso es lo que nos hace humanos. Lo
importante es aprender herramientas y técnicas para romper el estado de
tristeza o insatisfacción para no permanecer con esta emoción por tiempos
prolongados.
La segunda conclusión, es que
la felicidad no está en el futuro ni en el pasado, así como tampoco debe
anclarse o depender de elementos externos. Mi felicidad no debe depender de las
acciones o decisiones de otras personas, de si están o no en mi vida, desde
luego, tampoco debe depender de las situaciones azarosas.
Desde luego, se puede recordar
eventos pasados y sentirnos bien, pero ese bienestar que nos produce el
recuerdo lo estamos viviendo “ahora”. Que este claro, no nos anclemos al
recuerdo, solo experimentamos brevemente la emoción positiva que produce. El no
anclarnos al recuerdo evita que eventos negativos traigan al presente emociones
negativas que si permitimos permanezcan por largo plazo pueden causar daño en
nuestro cuerpo físico.
Estamos autocondicionados,
acostumbrados a que la felicidad o infelicidad aumente de acuerdo al
cumplimiento de expectativas o deseos externos, de este modo, la felicidad
depende de nuestra pareja, padres, hijos, amigos, jefes. Estamos “en espera” de
las condiciones necesarias para ser felices, cuando consiga a la pareja ideal,
cuando me case, cuando haga el viaje que tanto deseo, cuando esto o cuando
aquello. De este modo siempre habrá motivos para ser infelices o de vivir
insatisfechos. Vivimos esperando la oportunidad que nunca llega porque mientras
nuestro estado interno dependa del externo estamos anclados al deseo. Así la
felicidad es muy breve, puesto que una vez lograda la meta, desearemos más. Y
así vamos, tras la consecución de un motivo para ser infelices o felices
instantáneamente. Es el apego a las cosas, personas o situaciones que crees que
te proporcionan felicidad lo que te hace sufrir. El deseo, el temor o la
angustia de no tenerlas o de perderlas.
Anthony De Mello señalaba que
la felicidad es tu esencia, tu estado natural, por ello nunca se pierde, e
indicaba que la infelicidad no viene de
la realidad, sino de los deseos y de las ideas equivocadas. Para ser feliz no
has de hacer nada, ni conseguir nada, sino deshacerte de falsas ideas,
ilusiones y fantasías que no te dejan ver la realidad. La felicidad no tiene
causa. Cuando nada pueda herirte, ninguna persona, ningún acontecimiento, nada,
entonces serás feliz.
De igual modo. Henry Van Dyke
(1873, escritor, clérigo inglés) dijo
que «La felicidad es íntima, no exterior; y por lo tanto no depende de lo que
tenemos, sino de lo que somos».
Esto no significa que no
tengamos sueños o metas, por el contrario, lo que se quiere es valorar lo
alcanzado de un modo consciente, agradecerlo más tiempo y disfrutarlo en el
presente. Es apreciando, siendo consciente de lo que tienes conforme pase el
tiempo. Eso solo se consigue viviendo en el presente, disfrutando de lo
positivo con actitud agradecida. La felicidad es la paz interior, la armonía,
en palabras de Anthony de Mello es el amor manifestándose.
La felicidad es mía, es tuya. Depende de cada uno de nosotros, es una
responsabilidad individual. Se construye individualmente para luego compartirla
incondicionalmente.
En definitiva, la felicidad es
un estado mental, no solo una consecuencia de lo que tenemos o de lo que nos
sucede y menos aún depende de otra persona. El responsable de tus emociones
eres tú.


Agradezco a la vida el momento de hoy para leer este artículo, hacer un stop y hacer consciente el que no puedo siempre estar "a la espera" de la felicidad. ¡Gracias por compartirlo!.
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