Hace poco descubrí un término que resonó con lo que
actualmente estoy viviendo y de eso les hablaré hoy, se trata de la Tecnología de la Transformación, este
término lo tomo prestado de J. Ma. Doria (Ver su libro “Inteligencia del Alma”).
La transformación es
la Ley del Universo, es la única constante verdadera de la vida, todo cambia,
todo se transforma, todo surge y desaparece. Por otro lado, tecnología es todo
aquello creado por el hombre basado en sus conocimientos, sabiduría,
capacidades y herramientas. Entonces Tecnología de la transformación es el
conjunto de conocimientos y herramientas diseñadas para lograr la
transformación humana, para alcanzar el
crecimiento personal. Es todo lo que creamos para lograr una vida plena
y feliz. Es el cómo apuntalar todas nuestras creencias, pensamientos y
comportamiento para construir una mejor versión de nosotros mismos.
Un Proverbio nativo
americano reza: Solo podemos ser aquello que nos damos el poder de ser. En este
punto requerimos desarrollar la tecnología de la transformación. Según la Ley
de causa y efecto, debemos empezar a generar las causas necesarias para lograr
un efecto determinado, es decir, debemos cambiar algo en nosotros para obtener
un resultado diferente.
El Dr. Ángel García Montero señala y explica los tres
elementos indispensables para el cambio o la transformación: Conocimiento,
comprensión y amor. Conocimiento: porque es poder. Comprensión: para
digerir y poner en práctica el conocimiento. Y Amor: energía con la cual hay
que actuar en todo momento. Serían los tres pilares para la transformación
integral y plena del ser humano. Ahora bien la tecnología para sustentar estos
pilares es la conexión con la Divinidad, el descubrir el amor, cambio de creencias
y pensamiento, la liberación emocional y el comportamiento en concordancia con
el ser.
Considero que para
iniciar este proceso ante todo, conectemos con nuestro ser interior confiando
en la Divinidad para que nos guie en cada paso, la meditación y la oración son
primordiales como práctica. Despertar la conexión Divina y hacer
silencio para que el amor fluya en nuestro ser es el eje en el que se inserta
todo el proceso. Para iniciar el
camino de la transformación hay que partir de rescatar el amor. El amor como energía motora y
transformadora esencial. El amor es sanador y es liberador, rige nuestras
creencias y las creencias se alimentan de esa energía o de la ausencia de la
misma. Porque nunca hay un vacio, hay amor o desamor y ambos son igualmente
poderosos. Amarnos en el ahora de
nuestras circunstancias, aceptarla y agradecer el aprendizaje es un método para
poder cambiar esa realidad. Es un proceso activo y causal. Tenemos que accionar
la rueda de la vida para generar la suficiente energía –causalidad- para mover
–cambiar- la realidad y el amor es el motor de esa acción.
El amor se
manifiesta en el empoderamiento personal y en la manifestación de la vida que
deseamos en las circunstancias más favorables, ese sería el ideal. No obstante,
hay un sistema de creencias que potencia nuestros pensamientos y
acciones y determina la energía que emanamos y la que recibimos.
Somos capaces de
crear aquello en lo que creemos. Muchos piensan que la felicidad se encuentra
en el entorno, y por ello la vida se llena de compases, siempre en espera de
que sea el entorno el que cambie para realizarnos, y que “suceda algo” que nos
transporte mágicamente a la felicidad o a la realización de un sueño. Cuando me
gradúe, cuando adelgace, cuando me case, cuando me divorcie. Nos convertimos en
un continuo postergar acciones amparados en la costumbre. Ignoramos nuestro
Poder para cambiar, y olvidamos que si no estamos satisfechos con nuestra vida,
pareja, empleo, etc., tenemos la responsabilidad de amarnos lo suficiente para
cambiar.
Recordando las
palabras de Gandhi: “Tus Creencias se convierten en tus pensamientos, tus
pensamientos se convierten en tus palabras, tus palabras se convierten en
acciones, tus acciones se convierten en tus hábitos, tus hábitos se convierten
en tus valores, tus valores se convierten en tu Destino”. Las creencias,
pensamientos y acciones generan un campo energético que impregna el todo, de
allí que para sanar hay que cambiar nuestras creencias y transformar así las
percepciones limitantes que nos constriñen al sufrimiento y a la infelicidad.
Somos lo que creemos. Bruce Lipton señalaba que “Aprendemos
a vernos como nos ven, a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y
vivimos nos forma. No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Somos
víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas” Si cambiamos la
percepción del objeto, el objeto cambia. Cuando hacemos las cosas de siempre
obtenemos los resultados acostumbrados. Si no estoy feliz con mi vida o con
algún aspecto de ella, es importante cambiar y ese cambio comienza en las
creencias.
Es un profundo trabajo de observación y análisis de nuestra
voz interior reflejo del subconsciente lo que lleva a descubrir las creencias
más profundas, arraigadas y determinantes. Lipton señala que “la vida es un
reflejo de la mente subconsciente, lo que nos funciona bien en la vida son esas
cosas que el subconsciente te permite que funcionen, lo que requiere mucho
esfuerzo son esas cosas que tu subconsciente no apoya”. De igual modo el doctor
Ángel García dice que el ser humano no ve la realidad como es sino la que él
ve, la persona matiza la realidad con lo que hay en su mente. “Una persona
triste y una alegre no perciben la realidad de la misma manera, la persona
triste anda buscando la circunstancia, la información que le reproduzca la
tristeza; igual ocurre con la persona iracunda que se inclina hacia las
circunstancias que le produzcan rabia”[1].
Es obvia la vinculación entre creencias, pensamientos y
emociones. Las creencias determinan los pensamientos y estos se acompañan de
emociones.
Las emociones rigen
la vida, la hace feliz o sufrida. En la palabra emoción está “moción”, o sea,
movimiento. Las emociones son las que inician el movimiento, y lo hacen a
través del fenómeno del deseo. Si bien es cierto que hay diversos tipos de
deseo, no es menos cierto que la palabra “emoción” conlleva en su esencia un
vasto depósito de energía accesible a todo el ser.[2]
Las emociones proveen de la energía necesaria para sustentar el cuerpo físico.
Señala el Dr. García que la mente (sede de los procesos del pensamiento) funciona de manera
consciente desde un 5 al 12%, y de manera inconsciente de un 88 a un 95%, con
ese elevado grado de inconsciencia todos los patrones automatizados mentales se
mecanizan y generan pensamientos, comportamientos y emociones continuas. Nos
hacemos adictos a las emociones y el riesgo de esto es que emociones negativas
impactan el cuerpo físico en forma de enfermedad. Las emociones se pueden elegir y utilizar con inteligencia. Constituyen un
depósito de energía que, si es puro, fuerte y libre y se gestiona bien, le da
al ser humano la posibilidad de vivir de una forma maravillosamente adecuada,
equilibrada, creativa y llena de amor (Marquier).
Es evidente que el
comportamiento, la adquisición de hábitos saludables mental, emocional y
físicamente son fundamentales. Hay que desarrollar la tecnología de la
transformación para aprender a amarnos, aceptarnos y valorarnos como
estrategias para sanar y tener una vida plena, esto puede ser doloroso en
algunos casos y exige compromiso y determinación. El análisis y la auto
observación respecto a lo que creemos y pensamos de nosotros mismos, la
valoración de comportamientos, hábitos y costumbres, así como la percepción que
tenemos respecto a la realidad en la que estamos inmersos, determina como nos
relacionamos con el mundo y con nosotros mismos. No es una tarea, no obstante,
hay herramientas que permiten aproximarse. La meditación, la visualización, la
imaginación curativa, la PNL, Terapia de liberación emocional, entre otras. Y
si vestimos estas terapias con el manto de la auto aceptación y el amor, en la
búsqueda de la esencia del Ser a través de la mirada interior, el camino esta
allanado. Somos los protagonistas de
nuestra historia, solo nosotros podemos construir el camino hacia nuestros
sueños experimentando la Vida como un regalo
de la Divinidad con infinitas posibilidades.
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