miércoles, 1 de abril de 2015

Ser feliz y vivir en el intento



En incontables ocasiones enfrentamos situaciones difíciles. Desamor, enfermedades, accidentes, desempleo, inconvenientes personales de todo tipo que nos hacen sentir infelices y fracasados ante la vida que “nos tocó”. Pareciera que somos los perdedores ante la Lotería del destino. No preguntamos continuamente ¿porqué a mi? Las circunstancias nos arrastran, nos sentimos infelices, insatisfechos o muy enojados y perdemos el poder. El poder de decidir ser felices, perdemos poder de vivir.
Desde luego que la vida no es una eterna alegría, es lógico tener dificultades, desavenencias, tristezas, enfermedades, es normal tener todo tipo de emociones y es sano procesarlas y expresarlas. La vida y la muerte, la luz y la oscuridad son dos caras de la misma moneda y ambas son impermanentes.
Lo que hay que evitar es quedarnos anclados en una emoción negativa que se convierta en un patrón habitual de conducta o hacernos adictos a determinada sensación que nos lleva a repetir y buscar situaciones y circunstancias para reproducirla y sumirnos en ella.
Muchos se escudan en que su drama, el drama personal de cada quien es muy grande, Por otro lado, B. Siegel, Médico norteamericano quien trataba a enfermos con diagnóstico de cáncer comentaba que hay personas que viven atrapadas en sus cuerpos producto de enfermedades paralizantes o con diagnósticos terminales y sin embargo están determinados y agradecidos por la oportunidad por vivir cada único e irrepetible día de la mejor manera posible.
Esto lleva a pensar que ser feliz es una decisión. La felicidad es un camino No un destino.
Siegel, dice que “La vida es un dolor de parto, que vale la pena si podemos darnos a luz a nosotros mismos” y agrega “para algunas personas, descubrir que son mortales les da, finalmente, permiso para vivir su vida. No esperes a que alguien te diga que tienes cáncer o sida. Empieza a vivir ahora. Bríndate una nueva fecha de nacimiento. En ese momento se inicia un proceso de sanación psicológica y espiritual que podría ir acompañado de un cambio físico. El cambio físico es una consecuencia de haberse dado a luz a uno mismo, libre de las enfermedades del pasado. No te enfades contigo ni te culpes por la forma en que has sobrevivido y satisfecho tus necesidades. Todos los síntomas son honorables: te reencaminan, te llevan hacia delante. Lo pasado, ya pasó.”
Ahora bien ¿cómo sobreponernos a las situaciones difíciles, cómo romper con patrones de conductas negativas o toxicas que se han hecho automáticas?
Ante todo, reconciliarnos con Dios, cualquiera sea la concepción que tengas de la Divinidad. En muchas ocasiones culpamos a Dios por el destino que nos dio, o porque nos abandonó. Cuando vivimos desde el ego tenemos concepción cómoda de Dios, asumimos que solo es una entidad que está a nuestro servicio y que su única misión es hacernos felices cumpliendo nuestros deseos. Chico Xavier (médium brasileño) decía que Dios nos concede cada día una página de vida nueva en el libro del tiempo. Aquello que colocamos en ella corre por nuestra cuenta. Siendo así, busca a Dios dentro de ti. Acércate a Dios con fe,  con el corazón abierto y la mente en silencio. Solo Dios en su amor infinito nos guía por el camino correcto.
¡Acepta! Si estás viviendo una situación difícil, ya pasará, todo pasa, déjate fluir. Siéntete libre de expresar tus emociones. Es humano sentir. He sentido mucho dolor emocional y físico, igual que muchos, pero también he conocido a personas con grandes dificultades que están luchando por recuperar su salud o mejorar sus circunstancias. Me acerco, observo y escucho. Cuando me siento abrumado recuerdo su ejemplo, lo asumo como mensajeros de ánimo y fortaleza que me motivan a seguir adelante superando mis limitaciones emocionales y físicas. Recuerda: cada persona que conoces es un Maestro, abre tu corazón,  atiéndelo, escúchalo.
¡Descúbrete! ¿Quién eres? Toma conciencia de ti, de la vida, de lo que piensas, sientes. ¡Renace!. ¿Qué te apasiona que dependa exclusivamente de ti? ¡Hazlo! Es sencillo, no tienen que ser grandes empresas. Solo redescubrir que te hace sentir cómodo, en paz, feliz. Una actividad que te abstraiga de la realidad y te lleve a estar a solas conectado con tu esencia. Yo he redescubierto mi pasión por las manualidades, el arte, la escritura. Son actividades sencillas que me sumergen en estados de concentración semejantes a los logrados a través de la meditación que estoy segura ayudan a mi proceso de sanación.
¡Perdónate!, cometimos errores, tomamos malas decisiones, escogimos mal. Pues, ya pasó. Que el pasado solo sea aprendizaje, regresa al “Ahora”. Chico Xavier decía que “Nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo pero cualquiera puede comenzar ahora y hacer un nuevo fin”. La única vida que tenemos está ocurriendo “ahora”. Cada día realizo un ejercicio de perdón: me planto frente a un espejo y me pido perdón a mi misma y me digo que me amo, que estoy bendecida por la oportunidad de reparar mi vida y seguir adelante con mayor fortaleza y amor.
Conéctate contigo y con la vida. Céntrate en ti, en lo que perciben tus sentidos, observa, contempla el mundo y siéntete parte de él. Despierta. Para conectarnos hay que guardar silencio, acalla la mente, medita, alimenta el espíritu.
Sucede que cuando perdemos la conexión con nuestra esencia caminamos dormidos, como autómatas, no alimentamos el espíritu sino el cuerpo y nuestro cuerpo que es un gran reflejo de nuestro ser interior se resiente, se rebasa y se enferma, o se supera a sí mismo y se excede en kilos, la adicción a la comida o a cualquier sustancia o emoción también es una desconexión con el ser y con el todo que genera un profundo desamor disfrazado de excesos. Hay que despertar y mantenernos atentos. La meditación y la oración son el camino. No ha sido fácil mantenerme despierta en todo momento, pero estoy haciendo la tarea desde el amor.
¡Comprométete! Trázate pequeñas metas, objetivos cercanos, pequeñas tareas. Todo ello son pasos que te llevaran al propósito de vida que deseas. Además el compromiso ayuda a mantenernos conscientes y despiertos. Celebra los triunfos por pequeños que parezcan. Comparte con las personas que amas y hazlos parte de esa celebración, tal vez te digan que estás loco, no importa si esa “locura” te hace fortalecer el compromiso de tener una vida mejor o te afianza a construir esa mejor versión de ti.
¡Ámate! Ama tu vida, tu cuerpo, tus circunstancias, el amor es el camino para reencontrarte, perdonarte y comprometerte con tu mayor bienestar. No permitas que sean solo palabras, el amor es una acción que nace dentro de uno y se proyecta en todo lo que hacemos. Nos da la fuerza para conectarnos con otros y el valor de buscar ayuda. También nos lleva a redescubrir potencialidades, a crear las circunstancias que necesitamos para ser exitosos, para sentirnos amados y dar amor, para conectarnos con Dios desde el agradecimiento y comprometernos a honrar la vida. “Date permiso para vivir”

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