En
incontables ocasiones enfrentamos situaciones difíciles. Desamor, enfermedades,
accidentes, desempleo, inconvenientes personales de todo tipo que nos hacen
sentir infelices y fracasados ante la vida que “nos tocó”. Pareciera que somos
los perdedores ante la Lotería del destino. No preguntamos continuamente
¿porqué a mi? Las circunstancias nos arrastran, nos sentimos infelices,
insatisfechos o muy enojados y perdemos el poder. El poder de decidir ser
felices, perdemos poder de vivir.
Desde luego
que la vida no es una eterna alegría, es lógico tener dificultades,
desavenencias, tristezas, enfermedades, es normal tener todo tipo de emociones
y es sano procesarlas y expresarlas. La vida y la muerte, la luz y la oscuridad
son dos caras de la misma moneda y ambas son impermanentes.
Lo que hay
que evitar es quedarnos anclados en una emoción negativa que se convierta en un
patrón habitual de conducta o hacernos adictos a determinada sensación que nos
lleva a repetir y buscar situaciones y circunstancias para reproducirla y
sumirnos en ella.
Muchos se
escudan en que su drama, el drama personal de cada quien es muy grande, Por
otro lado, B. Siegel, Médico norteamericano quien trataba a enfermos con
diagnóstico de cáncer comentaba que hay personas que viven atrapadas en sus
cuerpos producto de enfermedades paralizantes o con diagnósticos terminales y
sin embargo están determinados y agradecidos por la oportunidad por vivir cada
único e irrepetible día de la mejor manera posible.
Esto lleva a
pensar que ser feliz es una decisión. La felicidad es un camino No un destino.
Siegel, dice
que “La vida es un dolor de parto, que vale la pena si podemos darnos a luz a
nosotros mismos” y agrega “para algunas personas, descubrir que son mortales
les da, finalmente, permiso para vivir su vida. No esperes a que alguien te
diga que tienes cáncer o sida. Empieza a vivir ahora. Bríndate una nueva fecha
de nacimiento. En ese momento se inicia un proceso de sanación psicológica y
espiritual que podría ir acompañado de un cambio físico. El cambio físico es
una consecuencia de haberse dado a luz a uno mismo, libre de las enfermedades
del pasado. No te enfades contigo ni te culpes por la forma en que has
sobrevivido y satisfecho tus necesidades. Todos los síntomas son honorables: te
reencaminan, te llevan hacia delante. Lo pasado, ya pasó.”
Ahora bien ¿cómo
sobreponernos a las situaciones difíciles, cómo romper con patrones de
conductas negativas o toxicas que se han hecho automáticas?
Ante todo,
reconciliarnos con Dios, cualquiera sea la concepción que tengas de la
Divinidad. En muchas ocasiones culpamos a Dios por el destino que nos dio, o
porque nos abandonó. Cuando vivimos desde el ego tenemos concepción cómoda de
Dios, asumimos que solo es una entidad que está a nuestro servicio y que su
única misión es hacernos felices cumpliendo nuestros deseos. Chico Xavier (médium
brasileño) decía que Dios nos concede cada día una página de vida nueva en el
libro del tiempo. Aquello que colocamos en ella corre por nuestra cuenta. Siendo
así, busca a Dios dentro de ti. Acércate a Dios con fe, con el corazón abierto y la mente en silencio.
Solo Dios en su amor infinito nos guía por el camino correcto.
¡Acepta! Si estás
viviendo una situación difícil, ya pasará, todo pasa, déjate fluir. Siéntete libre
de expresar tus emociones. Es humano sentir. He sentido mucho dolor emocional y
físico, igual que muchos, pero también he conocido a personas con grandes
dificultades que están luchando por recuperar su salud o mejorar sus
circunstancias. Me acerco, observo y escucho. Cuando me siento abrumado recuerdo
su ejemplo, lo asumo como mensajeros de ánimo y fortaleza que me motivan a
seguir adelante superando mis limitaciones emocionales y físicas. Recuerda: cada
persona que conoces es un Maestro, abre tu corazón, atiéndelo, escúchalo.
¡Descúbrete! ¿Quién
eres? Toma conciencia de ti, de la vida, de lo que piensas, sientes. ¡Renace!. ¿Qué
te apasiona que dependa exclusivamente de ti? ¡Hazlo! Es sencillo, no tienen
que ser grandes empresas. Solo redescubrir que te hace sentir cómodo, en paz,
feliz. Una actividad que te abstraiga de la realidad y te lleve a estar a solas
conectado con tu esencia. Yo he redescubierto mi pasión por las manualidades,
el arte, la escritura. Son actividades sencillas que me sumergen en estados de
concentración semejantes a los logrados a través de la meditación que estoy
segura ayudan a mi proceso de sanación.
¡Perdónate!, cometimos
errores, tomamos malas decisiones, escogimos mal. Pues, ya pasó. Que el pasado solo
sea aprendizaje, regresa al “Ahora”. Chico Xavier decía que “Nadie puede volver
atrás y hacer un nuevo comienzo pero cualquiera puede comenzar ahora y hacer un
nuevo fin”. La única vida que tenemos está ocurriendo “ahora”. Cada día realizo
un ejercicio de perdón: me planto frente a un espejo y me pido perdón a mi
misma y me digo que me amo, que estoy bendecida por la oportunidad de reparar
mi vida y seguir adelante con mayor fortaleza y amor.
Conéctate contigo
y con la vida. Céntrate en ti, en lo que perciben tus sentidos, observa,
contempla el mundo y siéntete parte de él. Despierta. Para conectarnos hay que
guardar silencio, acalla la mente, medita, alimenta el espíritu.
Sucede que
cuando perdemos la conexión con nuestra esencia caminamos dormidos, como autómatas,
no alimentamos el espíritu sino el cuerpo y nuestro cuerpo que es un gran
reflejo de nuestro ser interior se resiente, se rebasa y se enferma, o se
supera a sí mismo y se excede en kilos, la adicción a la comida o a cualquier
sustancia o emoción también es una desconexión con el ser y con el todo que genera
un profundo desamor disfrazado de excesos. Hay que despertar y mantenernos
atentos. La meditación y la oración son el camino. No ha sido fácil mantenerme
despierta en todo momento, pero estoy haciendo la tarea desde el amor.
¡Comprométete!
Trázate pequeñas metas, objetivos cercanos, pequeñas tareas. Todo ello son
pasos que te llevaran al propósito de vida que deseas. Además el compromiso
ayuda a mantenernos conscientes y despiertos. Celebra los triunfos por pequeños
que parezcan. Comparte con las personas que amas y hazlos parte de esa
celebración, tal vez te digan que estás loco, no importa si esa “locura” te
hace fortalecer el compromiso de tener una vida mejor o te afianza a construir
esa mejor versión de ti.
¡Ámate! Ama tu
vida, tu cuerpo, tus circunstancias, el amor es el camino para reencontrarte,
perdonarte y comprometerte con tu mayor bienestar. No permitas que sean solo
palabras, el amor es una acción que nace dentro de uno y se proyecta en todo lo
que hacemos. Nos da la fuerza para conectarnos con otros y el valor de buscar ayuda.
También nos lleva a redescubrir potencialidades, a crear las circunstancias que
necesitamos para ser exitosos, para sentirnos amados y dar amor, para
conectarnos con Dios desde el agradecimiento y comprometernos a honrar la vida.
“Date permiso para vivir”

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