Todo padre tiene expectativa respecto a sus hijos, su modo
de comportarse, su educación, y sobre las decisiones que inciden sobre el
futuro, tal vez soñado muchas veces en función del éxito que se espera (desde nuestra concepción de este).
Como seres sociales estamos claros que la sociedad transmite
un modelo de competitividad y éxito que incide en lo que los padres aspiran
para sus hijos. Una educación de calidad, una profesión lucrativa, un estándar
social reconocido entre otras cosas. El hecho es que los hijos son seres
individuales que también desarrollan sus propios modelos y expectativas, en
ocasiones distinto al de los padres pudiendo lesionarse la relación por intereses
contrarios.
No se puede perder de vista que
hay una tendencia hacia el amor condicionado, aunque lo llamemos disciplina.
Desde la niñez escuchamos o decimos “Te quiero cuando sacas buenas
calificaciones” “Te quiero cuando te portas bien”, tal vez no se exprese
verbalmente, sin embargo conductualmente el trato es distinto cuando no se
cumplen condiciones que ameriten ser recompensados o, se recompensan las
conductas que se desean fortalecer. En todo caso, cuando hay expectativas hay
juicios presentes, en tal sentido, en cumplimiento o no de tales expectativas
se tiñen de alegrías o de decepciones.
La práctica del perdón de hoy es
para los padres que tienen juicios y decepciones respecto sus hijos, incluso si
son adultos. Los sueños para los hijos no necesariamente coinciden o coincidirá
con los sueños que los hijos tienen para sí mismos, siendo esta diferencia
causa de posibles rupturas o resquebrajamientos en la relación. Admítelo,
cuantas veces juzgaste a tu hijo (a) como bueno o malo, correcto o incorrecto,
equivocado etc. Etc.
La práctica de hoy ofrece a los
padres la oportunidad de liberarse a si mismos y a sus hijos de la maleta de
tradiciones, costumbres, normas y leyes que puedan estar generando relaciones
disfuncionales así como también para sanar esos viejos rencores/decepciones que
están bien guardados en un resquicio de nuestra mente. Te invito a que lo hagas
con la honestidad, puedes hacerlo para uno de tus hijos o para todos ellos.
¡Que el amor incondicional sea tu guía!
Terapia del paso 13:
Escribe una carta de 3 partes a tu hijo o hijos
donde le digas muy sinceramente lo siguiente (por ejemplo):
PARTE A: Lo que soñabas o sueñas para el /ella/s
PARTE B: Tu mayor (es) decepción (es). Sino tienes
decepción trabaja solo con tus sueños.
§ En lo ya escrito. Identifica
tus juicios (lo que consideras es malo para ellos), puedes subrayarlos.
§ Identifica las
expectativas que son solo tuyas y que contribuyeron a generar las decepciones.
PARTE C: En tu cuaderno del Perdón, has las afirmaciones
que consideres necesarias para perdonarte a ti mismo(a) por “creer” y por
“juzgar”. Por ejemplo:
Yo me perdono amorosamente por juzgar a mi hijo irresponsable.
Yo me perdono amorosamente por Creer que mi hijo debe
consultarme todas sus decisiones.
2Oración
Bendito Dios
Padre y Madre de todo lo que existe,
Te agradezco la
bendición de ser Padre (madre), por la bendición que significa (n) mi hijos (s)
y crear un fuerte lazo de amor entre nosotros.
Hoy te pido que
mi (s) hijo (s) sea libre de toda duda respecto a si mismo, el/ella es libre de
tomar sus propias decisiones, ilumina su mente y su corazón con sabiduría,
coraje y fuerza para hacer en todo momento lo que ante tus ojos es correcto y
bueno. Solo tú puedes proveer su vida con abundantes bendiciones.
Gracias Dios por
amar a mis hijo (s). En tus manos están.
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